Hace 50 años, debutaba en primera el Beto Alonso. Para aquellos que no lo conocieron, y también para los que quieren recordar sus hazañas, les dejo un enlace con la nota que escribí: El camino es la grandeza (hacer click aquí)
Un lugar lleno de falsas nociones, de equivocadas perspectivas y de lastres que alteran las percepciones.
Eduardo González Peña
- Eduardo
- Argentina
- "El que cree haber entendido cualquier cosa sobre mí, se ha formado de mí una idea que responde a su imagen" Nietzsche.
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jueves, 12 de agosto de 2021
jueves, 4 de junio de 2020
Pratto: destino, la diosa razón y la Cruz del Sur
Desde que la ciencia tomó noción de cómo afecta causalmente el azar a su pretensión ingenua de exactitud y de verdad, se nos llenó el rancho de terraplanistas, antivacunas, neoliberales, fachos de todo tipo y progres que quieren volver a la pachamama. Sin embargo, todavía hay una pequeña aldea que resiste ahora y siempre al filisteo posmoderno: la diosa razón. Todo lo que sigue no reniega de ella, sino que reafirma que es la diosa razón la que orienta nuestra atención y conjuga nuestros sentidos de forma pluridireccional al momento de reconocer que toda forma de simbolizar el conocimiento es válida mientras sea una resistencia a la introspección y las prenociones que aprisionan el conocimiento.
Hoy es el cumpleaños número 32 de Lucas Pratto. Cualquiera que le interese el fútbol sabe que él hizo 2 goles (uno sacando del medio) y fue partícipe necesario en el segundo gol de la ida en la final más importante de la historia.
Pero, retrocedamos al inicio del 2018. Llegó a River previo pago de la transferencia que nominalmente es la más alta de la historia. Digo nominalmente porque para compararlo con la transferencia de, por ejemplo, Bernabé Ferreyra hay que llevarlo a dólares constantes. Tarea para el hogar.
Volviendo a la transferencia de Pratto, a mí me hacía ruido pagar una cifra tan alta por un jugador que no presentaba en su trayectoria una justificación para pagar tal cifra. Parecía ser una burbuja de las miles que las transferencias de futbolistas tienen. Mucho más porque era claro el desastre económico que Cambiemos estaba armando. Es decir, el tiempo me dio la razón sobre el ciclo de endeudamiento externo tenía fecha de muerte y que ello iba empujar la devaluación de la moneda nacional, acelerar la inflación, aumentar el decrecimiento del PBI y así ir por mayores ajustes que aumentarían el ciclo regresivo.
River no es una isla, River es una cara de la Argentina (la otra son ellos). A los errores internos de la administración de River y las restricciones estructurales del fútbol argentino, la razón indicaba sumar el tsunami económico nacional que podía observar cualquiera que no tuviera espíritu de avestruz del cambiemita promedio.
A ello sumo que Pratto no se adaptaba al mandato histórico de lo que un 9 de River debe ser. Es sabido para cualquiera que no tenga un balde en la cabeza que, en una tierra de grandes jugadores, River puede mostrar orgulloso tener la mejor lista de jugadores en lo que refiere a la cantidad y calidad de cracks. Tanto comprados como de divisiones inferiores. Definitivamente no es algo opinable, es un hecho fáctico. Puede sonar soberbio, pero la soberbia es no conocer la realidad de las virtudes propias y ajenas. Entre ellos cracks se destacan nuestros 10 (Alonso, Labruna, Onega, Morresi, Ortega, Gallardo, Aimar, D´Alessandro, Lamela, Lanzini, Pisculichi o el Pity Martínez) y aquellos que no utilizaron la 10 porque había otros monstruos que vestían ése número mágico (Moreno o Sívori). Pero la camiseta número 9 también muestra como nadie el estilo River: Pedernera, Distéfano, Walter Gómez, el otro Onega, Luque, Kempes, Ramón Díaz, Francescoli, Jorge y Rubén Da Silva, Crespo, Cruz, Salas, Ángel, Saviola, Cavenaghi, Higuaín, Falcao, Trezeguet, Teo Gutiérrez, Alario o Scocco. ¿Qué tienen todos ellos? Ser nueves “totales”, es decir, ser el tipo de delantero que juega y hace jugar, que hace goles y hace hacer goles. Claro, también existen excepciones porque River también tuvo 9 tanques clásicos como Bernabé Ferreyra, Artime, Morete, Funes, Centurión o Borré.
Cuando llegó Pratto sus antecedentes no se adaptaban a las características del 9 promedio de River, pero tampoco mostraba (a pesar de su apodo) las características de un nueve tanque. Mi duda era la siguiente: ¿qué lo diferenciaba de no ser un fracaso de apellidos rutilantes como el de Batistuta, Pizzi, Esnaider o Pavone? ¿Qué nos hacía suponer que no navegaría el mar de una mediocre medianía como apellidos tales como Balbo, Cardetti, Farías o Abreu?
Sin embargo, no hay nada más lindo que el fútbol porque en él danzan la causalidad con el azar, lo teleonómico con lo teleológico. Lástima que muchos que aman al fútbol no puedan observar que es allí donde está lo hermoso del fútbol y prefieran las causalidades momificadas contrafácticas y/o tautológicas.
En este River hay una diferencia cualitativa frente a los River posteriores a La Máquina y La Maquinita, a saber, tiene al hombre más decisivo en 60 años: Marcelo Daniel Gallardo. Lo afirmo porque Labruna, Veira y Ramón nos dieron grandes glorias y les sobran virtudes irrefutables, pero siempre sus logros fueron sustentados en megacracks. Tanto es así que cualquier idea de formar grandes equipos en River suponía contar con megacracks y no había evidencia histórica de lo contrario. A diferencia de ellos, Gallardo fue el alquimista que transformó un equipo formado por jugadores medianos (la mayoría de los cuales hubieran sido apenas suplentes en los River de Labruna, de Veira o de Ramón) en puntales del reinicio de la senda del glorioso porvenir de River.
Y acá va lo que quiero decir: Pratto es al siglo XXI de River lo que fue Bernabé Ferreyra fue al River del siglo XX. 110% mérito de Pratto y 110% mérito de Gallardo, porque el fútbol no es reducible a los estrechos límites de la cuantificación matemática.
Pratto, te metiste de lleno en el corazón de quién escribe. Mientras yo viva, prometo hacer todo lo posible para que River nunca olvide a Pratto porque nunca jamás podremos agradecerte lo que nos regalaste. Creo representar a los hinchas de River al momento de desearte que seas tan feliz en tu vida como nos hiciste a todos nosotros.
Y respecto a Gallardo, él ya no es un capítulo en la historia de River, él es un tomo completo de ella.
Finalmente dejo la esfera de la diosa razón y entro en la metafísica para agradecer: ¡Gracias destino por dejarme ser testigo de lo que conocí por medio de los libros de historia de River! ¡Gracias destino por obsequiarme la Cruz del Sur al hacerme de River!
jueves, 29 de noviembre de 2018
Defensor de la fe riverplatense
Pasé un día sin postear en facebook en modo hincha-socio-fanático de River. Todo un récord considerando las circunstancias. En estos tiempos, ésa condición cobró su precio en mis relaciones sociales. Hoy tengo menos contactos en facebook y me salí o silencié grupos de whatsapp. Todo lo que traté de sostener en ése plano, con paciencia y civilidad, se perdió. Esta pérdida causa dolor, pero la pérdida se repite en mi vida como la muerte de miembro nuevo de cada capítulo de Combate, por lo que tengo un umbral muy alto para resistir ese dolor. Parece que no queda claro que yo soy de esos sujetos que la da a River la condición de sagrado. Condición que se profundiza porque no soy de River por herencia familiar: yo lo elegí a pesar de las presiones por convertirme en hincha de Boca de mi abuelo materno y mi mejor amiguito, cuando todavía no llegaba a los 4 años. En River encontré un carácter cohesivo para la vida. Crecí a unas cuadras del Monumental, pero no tuve la oportunidad de ser socio hasta los 17 años, de ir a ver un partido hasta los 15 años, en toda mi niñez tuve una sola remera de la banda y siempre fui menospreciado en mi familia por mi gusto por el fútbol. Ello, en vez de frustrarme, templó mi amor por la banda. Cuando perdí mi religión (esa si heredada), por observar que no existía una unidad inseparable entre pensamiento y acción, y cuando mi identidad política (también heredada) fue aplastada por la restauración neoconservadora y sus políticas neoliberales, River y el Heavy Metal ocuparon los vacíos dejados por la religión católica y la política partidaria en la construcción de sentido. Un tiempo más tarde me inicié en las ciencias sociales, dando forma a una trinidad de sentidos muy particular. Encontré contradicciones entre ellas y fui construyendo un espiral de modo cada vez más personal, hasta el punto de no conocer otros que se relacionen con estos tres planos de construcción de sentido como yo lo hago. Si me refiero a River, definitivamente soy un defensor de la fe. No esperen mucho más de mí. Muchos de ustedes también tienen sentidos que son tan o más banales que los del fútbol: se arrastran para pagar las cuentas y para conseguir un “trabajo”; ponen el “sentido” en sus hijos, a los cuales condenaron a vivir en un mundo de mierda por egoísmo; tratan de llenar su vacío existencial con vacaciones, consumo y la farsa de la “amistad” actual; se evaden de la mierda de la realidad como los frívolos; y un largo etc. Es decir, sufren el síndrome de Estocolmo con sus amos porque no tienen la valentía de aceptar que el mundo no tiene sentido. Yo soy de River porque soy conciente que el mundo no tiene sentido y me la banco como un centinela.
viernes, 16 de noviembre de 2018
Ponzio y la Matrix
En una parte de Matrix se realizan estas
preguntas: “¿Cómo podrías demostrar que todo esto no es una ilusión? ¿Nunca has
tenido un sueño que pareciera muy real? ¿Cómo sabrías entonces diferenciar
sueño de realidad?”
Ayer mi hijo cumplió siete años y Leonardo Ponzio le regaló su tiempo y sonrisa para sacarse una foto. Ese semidiós que volvió a River unos mes después del nacimiento de mi pibe. Era el tiempo de la noche que retornó a los riverplatenses a nuestros humildes orígenes. Leo, jugando bien o mal en un deporte colectivo, siempre fue capaz de dejar de lado el egocentrismo y la necesidad de ser admirado. Demostró su temple de líder cuando no los había en la dirigencia y ni en el cuerpo técnico; cuando había que tolerar como nunca el destructivo poder de los medios y el morbo de los que consumen ese estiércol. En un gran mar de basura, Leo nunca se mostró como “único y especial”, y siempre evitó actitudes y comportamientos arrogantes. Hoy, al ver la foto y estar a unos días de un partido histórico, me pregunto si todo lo que ocurrió en estos siete años (con las cumbres de esas tres eliminaciones a Boca que nos dieron cinco títulos internacionales y uno nacional) es una ilusión, si no fue parte de un (hermoso) sueño que tuvo como protagonista a Leo y a otros o si fue real. Todavía no encuentro el prisma que me permita diferenciar el sueño de la realidad y, tal vez, no quiera encontrarlo. Gracias eternas Leo!
Ayer mi hijo cumplió siete años y Leonardo Ponzio le regaló su tiempo y sonrisa para sacarse una foto. Ese semidiós que volvió a River unos mes después del nacimiento de mi pibe. Era el tiempo de la noche que retornó a los riverplatenses a nuestros humildes orígenes. Leo, jugando bien o mal en un deporte colectivo, siempre fue capaz de dejar de lado el egocentrismo y la necesidad de ser admirado. Demostró su temple de líder cuando no los había en la dirigencia y ni en el cuerpo técnico; cuando había que tolerar como nunca el destructivo poder de los medios y el morbo de los que consumen ese estiércol. En un gran mar de basura, Leo nunca se mostró como “único y especial”, y siempre evitó actitudes y comportamientos arrogantes. Hoy, al ver la foto y estar a unos días de un partido histórico, me pregunto si todo lo que ocurrió en estos siete años (con las cumbres de esas tres eliminaciones a Boca que nos dieron cinco títulos internacionales y uno nacional) es una ilusión, si no fue parte de un (hermoso) sueño que tuvo como protagonista a Leo y a otros o si fue real. Todavía no encuentro el prisma que me permita diferenciar el sueño de la realidad y, tal vez, no quiera encontrarlo. Gracias eternas Leo!
miércoles, 19 de septiembre de 2018
El Ángel del Millonario: Labruna
Hace 35 años moría Ángel Amadeo Labruna. Muy pocos recuerdos tengo de él
dirigiendo a River y mucho menos lo vi jugar. Pero la curiosidad, los
libros de historia y las viejas revistas me alcanzaron para comprender
que fue el más grande del más grande. Y no me refiero a que Labruna
solamente fue un gran futbolista en época sobraban grandes jugadores. No
me limito a marcar que fue el máximo goleador de Primera División y de
los Superclásicos. No lo circunscribo a su condición de
jugador más ganador en River Plate. No es porque fue uno de los
jugadores que más defendió el Manto Sagrado. No es simplemente porque su
apellido estuvo ligado a La Máquina y La Maquinita. No me alcanza con
delimitarlo a su condición de líder de aquel equipo que nos sacó de la
noche que duró 17 años y pico. Ya lo he dicho y lo repito: Ángel Amadeo
Labruna es más que la suma simple de todo lo anterior. Su condición es
de un blasón, un emblema, la representación gráfica del “deber ser”
riverplatense: nunca llorar, no tener miedo y siempre pretender las tres G. La única frustración posible es no sostener esos principios. Ángel, te conozco y te admiro aunque compartimos el mundo muy poco tiempo. Pero eso no importa. Vos trascendiste el tiempo y tu eco me estremece y agiganta mi corazón. ¡Gracias por hacerme entender lo que significa que mi sangre esté cruzada por un blanco pabellón!
riverplatense: nunca llorar, no tener miedo y siempre pretender las tres G. La única frustración posible es no sostener esos principios. Ángel, te conozco y te admiro aunque compartimos el mundo muy poco tiempo. Pero eso no importa. Vos trascendiste el tiempo y tu eco me estremece y agiganta mi corazón. ¡Gracias por hacerme entender lo que significa que mi sangre esté cruzada por un blanco pabellón!
viernes, 14 de septiembre de 2018
Yo, tu casaca metálica
Yo que soy el producto de tu historia, pero que también produje tu
historia. Yo que tengo 26 años y que te recuerdo lo intrincado de tu
individualización. Yo que soy fruto de esa disruptiva sensación de que
el orden estable no existe y que te recuerdo el colapso de una
estructura social “bien” instalada y relativamente fija. Yo que soy la
hija de las posibilidades de cambio y que por eso fui diseñada bajo el
impulso del miedo a perder a aquellos que considerabas tus iguales. Yo que soy la hermana menor del saco punky del gran Horacio B.
Yo que soy una síntesis de entre tu trama biográfica y sus tensiones
diacrónicas y sincrónicas. Yo que estuve con vos en las tribunas que
River visitó durante 10 años, hasta que cambiaste por camperas del
Millo: Careta! Yo que te acompañé cientos de veces a “jugar” al fútbol
al Güemes. Yo que te veía compartir cervezas en las frías escaleras de
algún rincón del barrio con el ya nombrado Horacio, pero también con Hernán, Sebastián, Cristian, Juan Martin y con la estrella roja de Augusto Clash.
Yo que estuve en tu primera borrachera y, justamente, fue la familia
Dorado la que te rescató de la ignominia de no ser capaz de volver a casa. Yo
que tengo marcas de grasa de los arreglos mecánicos de los Toros y que
supe ser verde oliva. Yo que te abrigaba mientras pescabas con Antígona y
Garrote. Yo que estuve con vos en las gradas frías del autódromo de
Buenos Aires. Yo que todavía llevo, en algunos de los parches, las
señales de la mano hábil de tu abuela. Yo que te acompañe al primer
recital de Milito y Justi con los enormes Kiss. Parece que hoy te tengo
que recordar que fui mojada por Ozzy, que tuve que bancar la
transpiración tuya y del resto de los monos que te rodeaban en esos
diciembres adentro de Obras, para que cumplas tu deseo de estar cerca
del Colorado gritando “Aguante Megadeth”. Y que siempre te protegí de
los golpes de la vanguardia para estar cerca de Angus, Harris, Lemmy,
Joey, Iommi, Rotten, Bruce, Alice, Darrell, DeMaio, Ian, Araya, Gene,
Helfield, Halford, Dio, Gillan y Slash. Lo mismo con Riff, Hermética y
Horcas. ¿Hace cuánto que no me portas como estandarte? ¿Te parece que me
alcanza con recitales salteados de Black Sabbath, Ozzy, Megadeth, The
Who, Anthrax, PIL, Los Violadores o Barón Rojo? ¡Yo quiero salir todas
las noches! En fin, por lo menos me llevaste a ver a disfrutar del gran Divano en ACV y Velocidad 22. Lamentablemente, no pude ver a Hërpes con Nicolás Dorado.
¿De verdad? Es como un herpes que no pica. ¿Qué te pasa? ¿Qué te ocurre
después de tanto tiempo? Sabés lo que pasa, aunque sos un buen metálico
y todavía no engordaste lo suficiente para que no pueda cubrir tu
humanidad, es que te estás volviendo viejo.
(Foto by Zazil Ha)
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martes, 26 de junio de 2018
Del paladar negro y las viudas
El paladar de un hincha es todo. Nosotros, los de paladar negro, nunca somos viuda de nadie ni nada. No estamos atados a un pasado que ya no es "nuestro", sólo tenemos el fugaz presente y un indeterminado futuro. A los jugadores presentes no le cortamos la cabeza por un idealizado pasado: les exigimos como deportistas de alto rendimiento que son. Y también agradecemos. Gracias Messi! Gracias selección por estar a la altura de la presión del alto rendimiento!
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miércoles, 28 de septiembre de 2016
Labruna y “deber ser” riverplatense
Labruna no es solamente un gran futbolista, no se limita a ser el máximo
goleador de PD y de los Superclásicos. No se lo puede restringir a su
condición de ser el jugador más ganador en River Plate o ser uno de los
jugadores que más defendió el Manto Sagrado. Tampoco es solamente un
apellido de La Máquina y de La Maquinita o aquel prócer que nos sacó de
la noche que duró 17 años y pico. Ángel Amadeo Labruna es más que la
suma simple de todo lo anterior. Su condición es de un blasón, un
emblema, la representación gráfica del “deber ser” riverplatense: nunca
llorar, no tener miedo y siempre pretender las tres G. La única
frustración posible es no sostener esos principios. ¡Feliz día a todos los
hinchas de River Plate que honran esas ideas!
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lunes, 27 de junio de 2016
Sobre la histeria del hincha y el culto del aguante
Hace 25 años que voy regularmente a la cancha y ya tengo 500 partidos
vistos. El fútbol me cambia el ánimo para bien o mal. Es por eso que voy
a hablar en primera persona del plural, aunque yo me resista todo lo
que puedo a ser parte de lo que describo.
El fútbol es pasión y sin ella no se puede entender por qué cada uno de nosotros le restamos a la vida horas en algo sin sentido. Ahora, la pasión no puede justificar cualquier cosa y transformarse en el mecanismo perfecto para evitar hacerse responsables de la mierda que nos tapa. Hace muchos años que los hinchas argentinos de TODOS los clubes, en nombre de la pasión, nos volvimos una manga de histéricos cagónes que vamos a la cancha o nos sentamos a ver un partido con un tremendo miedo a perder. El que dice otra cosa MIENTE y se engaña a sí mismo. Es hora de dejarse de sentirse orgullosos de ser unos simples esclavos de la masacre exitista. Hay que bajarse del carro perdedor de la soberbia del aguante, pintada como pasión, para justificar cualquier cosa vil y cobarde. Tal vez así veamos que el culto a la mierda nos vuelve mierda.
El fútbol es pasión y sin ella no se puede entender por qué cada uno de nosotros le restamos a la vida horas en algo sin sentido. Ahora, la pasión no puede justificar cualquier cosa y transformarse en el mecanismo perfecto para evitar hacerse responsables de la mierda que nos tapa. Hace muchos años que los hinchas argentinos de TODOS los clubes, en nombre de la pasión, nos volvimos una manga de histéricos cagónes que vamos a la cancha o nos sentamos a ver un partido con un tremendo miedo a perder. El que dice otra cosa MIENTE y se engaña a sí mismo. Es hora de dejarse de sentirse orgullosos de ser unos simples esclavos de la masacre exitista. Hay que bajarse del carro perdedor de la soberbia del aguante, pintada como pasión, para justificar cualquier cosa vil y cobarde. Tal vez así veamos que el culto a la mierda nos vuelve mierda.
Messi y la histeria futbostera
El vacío de la histeria resultadista y la cultura del aguante solo
podía, tarde o temprano, dar como resultado el de dejar a Messi fuera de
la selección. Aguantó mucho: Al mismo tiempo el pueblo futbostero
consagraba como ídolo de la selección al vende humo de Tevez, le
pusieron un técnico que pensaba que en el deporte se gana poniéndose
talco en la espalda; luego le adjuntaron al peor DT de la historia de
AFA en el mundial 2010; y más tarde a otro sin antecedentes como Batista.
Algo que pocos notan es que Messi no es un producto futbolístico
argentino y que solamente es argentino porque la madre lo parió aquí.
Pero su “juego” es la adaptación de una determinada dotación de genes al
aporte científico europeo y al estilo del Barcelona. Sin embargo, su
identidad es profundamente argentina, lo que lo empujó a desechar la
posibilidad de ser la estrella del seleccionado español y defender los
colores nacionales. Al tomar esa elección Messi no se dio cuenta que el
futbostero argentino no tiene estilo y que el gas es la imagen misma de
su histeria.
jueves, 5 de mayo de 2016
El eterno manto sagrado de River Plate
Lo estable, lo inmóvil y lo eterno parece ser todo lo opuesto a la
historia viva del fútbol, la cual se compone de triunfos y derrotas.
Cada uno de esos instantes traslucen héroes y villanos, rebeldes ante la
adversidad y miserables cobardes. Ayer terminó el ciclo del equipo
se anotó como el continuador del River de Bernabé, La Máquina, La
Maquinita, el River 75/81, el River 85/86 y el River 96/97. Mis respectos a ese grupo
que en dos años consiguieron seis títulos y eliminaron dos veces a Boca
de copas internacionales. Ya son historia frente al presente continuo al
cual solo se resiste el eterno manto sagrado de “River Plate, tu grato
nombre, clamaremos con amor: Nuestra sangre está cruzada en tu blanco
pabellón. Mientras viva tu bandera la izaremos con honor!!!”
martes, 11 de agosto de 2015
Cualidad sobre cantidad
Pasado el estado de “euforia” por el triunfo de mi querido River en la isla de Mazinger Z y Godzilla, tengo que aclarar algunas ideas. Siempre pensé que hay copas internacionales que son una vergüenza contarlas sin más. Ejemplos de esos torneos son la Suruga “Bank”, la Copa de Oro, la Copa Masters y la Interamericana. Hay que ganarlos y no mucho más. Contarlas junto a otras copas de prestigio es como pensar que el mero número de billetes asegura linealmente más poder adquisit...ivo. El valor diferencial de cada copa se expresa de la misma forma que en los billetes: en la lógica de cambio. Nadie cambiaría 5 de esos títulos light por una copa Libertadores, una Intercontinental o un Mundial de Clubes. Incluso no se cambiarían por una Sudamericana, una Recopa o una Supercopa, todas ellas de menor valor que el grupo anterior. Esta manía por lo cuantitativo, que desconoce lo cualitativo, también se expresa en los torneos nacionales. Nadie cambiaría un torneo de PD por torneos amateur, copas no regulares o la Copa Argentina. Creo que hay que reconocer las Copas Aldao, pero no soy un trasnochado que las igualaría por medio de la magia numérica-estadística con la Libertadores. Entonces, como soy de los que prefieren un solo álbum Blanco que muchos discos de cumbia y muy cabeza dura, ahora que River tiene uno de esos torneos internacionales etéreos no voy a cambiar de idea.
lunes, 6 de julio de 2015
La sombra de Maradona
Luego de la derrota por penales
de la selección nacional, las redes sociales estallaron en contra o en defensa de
algunos jugadores en particular. Una construcción de héroes y villanos que se puede entender como una reacción
natural frente a una nueva frustración deportiva y seguir adelante con la vida
cotidiana. Pero también se puede cuestionar semejante reacción generalizada.
En general, toda la hoguera de
apasionadas argumentaciones comparten un mismo consenso básico: una extraña y contradictoria
mezcla entre sacralidad de la capacidad individual y omnipotencia del jugador
de fútbol, con un determinismo absoluto del resultado que es “posible”. En toda
esa mezcla se anula del análisis lo mejor que tiene el fútbol: la zona de
incertidumbre que contiene un juego colectivo particularmente parejo.
Toda perspectiva supone la
mediación de un sistema de predisposiciones históricamente armadas, es decir, de valores, de conceptualizaciones y de experiencias que tanto sesgan como dan sentido a eso caótico llamado "realidad". Advertidos de ello, quiero llamar la
atención sobre un momento que se ocurre nodal en la conformación de esa identidad:
el Mundial del ´86. Desde que Maradona la descosió frente a los ingleses y
belgas se consolidó la idea de que el fútbol es un deporte de suma simple
individualidades.
Ello es paradójico porque el
seleccionado del ´86 era la respuesta al seleccionado del ´82. En el Mundial de
España, la Argentina presentó una generación de futbolistas como nunca tuvo
antes o volvió a tener en un mundial: Kempes, Maradona, Passarella, Fillol,
Bertoni, Ramón Díaz, Valdano, Ardiles, Gallego, Olguín, Tarantini, Pumpido,
Trossero, Olarticochea, Calderón, Barbas, Baley, Galvan, Patricio Hernández y
otros. Incluso se daba el lujo de dejar afuera a Alonso, Bochini y Villaverde.
Todos los que fuimos contemporáneos “sabíamos” que esa selección no “podía” perder
¿por qué? Porque la suma simple de omnipotentes individualidades determinaba como
único resultado posible volver a ser campeón. A esa cuenta “lógica” hay que
sumar la necesidad de revancha “nacional” por la derrota en Malvinas.
Finalmente, el Mundial ´82 tuvo solamente a Passarella en el nivel esperado, el
resto fueron una sombra de lo que se esperaba de ellos y su estrella máxima se hizo
expulsar en el clásico contra Brasil. La conclusión era que ese seleccionado
nunca fue un “equipo”, es decir, una combinación de individualidades
amalgamadas, sino la suma de jugadores con enormes egos que no fueron capaces
de desplegar un buen juego de equipo. Todo
lo bueno que había hecho Menotti para formar un “equipo” para el Mundial ´78,
parecía que se había olvidado. No por nada eran épocas en donde el equipo
germinal del fútbol argentino, La Máquina, fue reducido a la suma de cinco
apellidos, oscureciendo lo que realmente era: un equipo total, lo que después
se llamó “fútbol total”.
En los años que van desde el 82
al 85, Bilardo intentó formar nuevamente un equipo desde los supuestos que se
desprenden de la escuela de fútbol de Estudiantes. Pero a pesar de su enorme
voluntarismo, al llegar la eliminatoria del 85, la Argentina no tenía "equipo".
Bajo el fantasma de la eliminación en la Bombonera del año 69, se jugó un partido
crucial en el Monumental, donde Maradona fue borrado de la cancha por Reina y
Fillol tuvo dos atajadas fundamentales cuando el partido se encontraba 1 a 2. Pero
de modo “principal” ocurrió que, cuando el equipo se quedaba afuera del
mundial, Passarella hizo la jugada que estrelló la pelota en el palo y permitió
que Gareca la empujara sobre la línea para poner el 2 a 2 y así clasificar a la
selección al mundial. La jugada de Passarella reafirmaba empíricamente una
incipiente épica de la omnipotencia individual del jugador de fútbol.
Al llegar el Mundial ´86, el “equipo”
comenzó a aparecer de forma paulatina y de menos a más. En los primeros cuatro
partidos el conjunto fue mutando de 4 a 3 en el fondo, de 2 delanteros netos a
uno solo, de 4 volantes a 5, de un Maradona “enganche” a un Maradona libre. El equipo superó la fase de grupos y fue victorioso en la batalla del Rio de la Plata de los octavos de final. Y llegó el enfrentamiento con los ingleses, en donde la Argentina como equipo
dominó gran parte del encuentro. Pero eso no es lo que se recuerda, se sabe que
es el partido de la “mano de dios” y del “barrilete cósmico”, la
materialización del momento que sueña protagonizar todo aquel que jugó al
fútbol, sin importar si lo hizo en los mejores estadios del mundo o en el
Parque Güemes de la Avenida Figueroa Alcorta.
La historia del fútbol argentino se
reiniciaba a partir de ese evento. Fue al mismo tiempo un Big Crush y Big Bang futbolístico,
que generó un cambio en la continuidad del tiempo y el espacio. Nada volvió a
ser lo mismo bajo el dominio de la cosmovisión maradoniana. Desde ese momento la mayoría de
los aficionados al fútbol buscaron en vano ese héroe omnipotente que reproduzca
la supernova estelar de Maradona contra los ingleses. Primero ocurrió que el
mismo Maradona, con el “hijo del viento” y Goyco reafirmaron la gloria
individualista en el Mundial ´90. Más tarde el Batigol y “el jugador del pueblo”
fueron establecidos como las nuevas encarnaciones de la quinta esencia de la
mitología maradoniana, aunque sus rendimientos futbolísticos desmintieron sus
capacidades de producir tal gloria. Hoy el papel de héroe es “de” Mascherano.
Por supuesto que toda la épica
maradoniana de los héroes necesitaba de villanos para explicar la tragedia de
los resultados perdedores. Los primeros de ellos son Codesal y la enfermera del
Mundial ´94. Luego esos villanos funcionales los encarnaron los técnicos de turno, como
Passarella que no ponía a Batistuta y no llamaba a Caniggia o Pekerman que no hizo
entrar a Messi contra los alemanes. Todo ello suponía que las individualidades
hacen por sí mismas a un equipo. De allí que no nos puede sorprender que luego se
considere a algunos jugadores como villanos “responsables” de los fracasos
mundialistas, ello era solo una necesidad “lógica”. Así fueron crucificados
Ortega en el Mundial ´98, Verón en Mundial 2002 y Otamendi en Mundial 2010. Hoy el papel de villano es "de" Higuaín.
Hasta que por esa complicada
combinación del azar con el determinismo ocurrió que la Madre Patria le hizo a
la Argentina una reparación histórica: nos dio al mejor jugador del mundo. Porque
se sabe que Messi no es un producto futbolístico argentino, solamente es
argentino porque la madre lo parió aquí. Pero su “juego” es la adaptación de una
determinada dotación de genes al aporte científico europeo y al estilo del
Barcelona. Sin embargo, su identidad es profundamente argentina, lo que lo
empujó a desechar la posibilidad de ser la estrella del seleccionado español y
defender los colores nacionales.
La cosmovisión maradoniana
rápidamente lo percibió bajo sus estrechos moldes polares de villano y/o héroe.
Por supuesto que tales condiciones no se desprenden en sí mismas de las
condiciones futbolísticas de Messi, sino de la singularidad de los conceptos
con que son percibe el pueblo futbolístico tales condiciones: una extraña y contradictoria
mezcla entre sacralidad de la capacidad individual y omnipotencia del jugador
de fútbol, con un determinismo absoluto del resultado que es “posible”. Incluso
la desmentida de la cosmovisión maradoniana, el juego en equipo que le permite
al Barcelona ser casi siempre victorioso, le jugaba en contra a Messi en su
relación con los aficionados argentinos.
Messi es el mejor jugador que él
escribe vio, pero nunca en la selección formó parte de un gran “equipo” y siempre
tuvo afrontar más que jugadores rivales al ser envuelto en la sombra de
Maradona. Me parece que es hora de dejar de lado esa sombra, esa perversa cosmovisión,
porque se trata de una aberración de la perspectiva que implica un deporte: no
existen héroes sagrados o villanos y estrechos determinismos, eso es una forma
de pensamiento pueril; lo que existe son buenos y no tan buenos jugadores, y,
principalmente, lo que importa en el fútbol es si son parte de buenos equipos
que puedan reducir la zona de incertidumbre del mejor de los juegos colectivos.
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